jueves, 29 de enero de 2026

Lo bello




¿Estoy listo? No ha pasado mucho desde la última vez que desee con todas mis fuerzas haberlo intentado. Ese fue un momento de claridad en donde sentía que un sueño estaba al alcance de la mano. Al parecer solo hay una persona. Me siento poco por ahora, pero me cuestiono también ¿qué es poco?, ¿qué es mucho? El valor de las personas debería residir en la pureza del corazón.

Me la paso, últimamente, ensimismado en mis pensamientos, en mis recuerdos y en mis canciones. En los últimos meses he vivido flotando agradablemente, yendo de aquí para allá, escuchando a mis sentidos, explorando un poco más y forzando un poco menos. En un vaivén entre estos, todo para mantener mi ser protegido de la dureza del mundo que los humanos hemos creado.

Cada uno de estos no son poca cosa: mis pensamientos siempre me llevan por lugares insospechados, sin embargo, con el tiempo he aprendido a mantenerlos agradables. Creo que, en cierto modo, no soy el único. En esta actualidad donde todo es efímero, y la vorágine del sistema te engulle en un torbellino de ultra consumismo y ultra producción, ¿quién no sufre de ansiedad? Las expectativas que cumplir y el dinero que ganar nos respiran en la nuca. De ahí que casi todos vivimos ansiosos.

Cuando era más joven esa aflicción acababa conmigo, aprendí de mala manera a controlarla, ahora pienso que cada día es especial y que debe ser disfrutado. El pasado ya no existe y el futuro no está prometido me repito constantemente. Entonces ahora, me permito flotar entre escenarios imaginarios agridulces, que son bellos por imaginar lo que pudo ser, pero a la vez nostálgicos porque si los imagino es porque no pude hacerlos realidad. Visito recuerdos grises para mirar al pasado como enseñanza y no como una condena, sé que no todos podemos aprender de los errores de los demás, entonces me sacrifico y los cometo para aprender de los propios.

Mis recuerdos son aún un tema más profundo, para ser completamente honesto suelo olvidar las cosas que me duelen, y así, de eso no se habla, ni se recuerda. Es inevitable, sin embargo, que estos recuerdos me asalten accionados por un lugar, un olor, un paisaje conocido de mi pasado. Aquí me permito menos flotar en mis memorias, aquí los escenarios están restringidos a momentos de mi vida genuinamente bonitos, en mis memorias no existe lo efímero, quienes lo tocaron, están siempre ahí, y de una forma u otra, formaron quien soy. Y aunque soy una persona terrible para mantener lazos duraderos, —quizá por falta de consideración, quizá por falta de vitamina D—, hay quienes tienen toda mi atención y con quienes me encanta compartir mi tiempo. ¿Soy un tonto pretencioso? Solo aquellos que leen pueden juzgar. 

Mis canciones, por último, hasta hace varios meses estaban ligadas a mis recuerdos, Un signo de que los últimos años he crecido es que he logrado separar ambos, y antes, una canción que me estrujaba el corazón con recuerdos de quien fui ahora no para de sonar en mis oídos y en mi mente. Me alegra mucho ahora poder visitar temas que antes tenía olvidados, he recordado canciones que había dejado atrás, y desde pequeño, recuerdos de mí oyendo música de todo tiempo abundan en mi memoria. En los últimos tiempos, eso sí, descubrir nuevos artistas se ha ido dificultando, al parecer ya todo ha sido inventado y oído.

No quiero dejar de observar lo bello que es el mundo, lo precioso de la luz etérea, lo bello del cielo, lo suave de las nubes y sus formas, lo calmo de la luna, lo tibio del sol, lo armonioso de la música, lo puro de las plantas, lo fructífero de la tierra, lo fresco del agua y el viento, y lo infinito de posibilidades que esperan mañana. Por más arruinado que este mundo se haya vuelto, por más hundido en tormento y desesperación… la vida perdura. Los nacimientos continúan. Hay belleza en ello, ¿no es así?








viernes, 2 de enero de 2026

La chocolatada de Samantha.

Esa mañana, aunque la idea no me agradaba mucho, mis expectativas eran altas. No por la compañía: mala, por cierto (un amigo y dos enemigos), sino por el lugar. Algo me decía que el lugar sería, como mínimo, novedoso. Días antes, Samantha, quien en sus momentos más neuróticos había hecho sollozar a uno de nosotros con sus muy intensas reprimendas, había decidido que sería una buena idea un lonche de integración navideña: "La Chocolata de Samantha", me da mucho gusto y gracia llamarle así. Era como una especia de tregua entre los cuatro, un ritual de paz, un disimulo para que no se le note tanto lo que para todos era obvio: su profundo desprecio por nosotros. Luego de tan difícil año, era menester esta pequeña celebración. No dudo que para ella lo fue, tuvo cuatro renuncias desde enero hasta ese día, pero para nosotros, vulnerables a sus momentos de ira y desdén y sus verdaderos reales pues habíamos llegado al fin de año sin salir espantados de ese trabajo, lo fue aún más. 

Iremos al tea time, en Beethoven — me dijo —. Asentí con la cabeza como si ya conociera el lugar, no quería desvelar que, en mis mejores momentos, mis momentos más finos y elegantes, yo soy más de ir María Almenara y similares. Creo que son el balance correcto entre lugar agradable a la vista y el bolsillo. Dado que este nuevo lugar quedaba en San Isidro, y conociendo los gustos "refinados" de Samantha, podía intuir un lugar medianamente elegante. 

Me puse mis mejores ropas, o quizá mis segundas mejores ropas, las primeras las tengo bien reservadas para una ocasión especial que, para ser honesto, me hace mucha ilusión, pero algo me dice que esta ocasión ya no llegará. La jornada en la oficina transcurrió con tranquilidad, ese día Samantha no podía darnos una paliza laboral/espiritual/emocional porque teníamos una "agradable" velada más tarde y todos debíamos estar de la mejor actitud. En la interna esta es una guerra sin cuartel, pero frente al resto, el departamento de Finanzas permanece unido, cerramos filas, todo es risas y verdadero trabajo en equipo. Ese día, estábamos a salvo. 

Siempre me ha encantado tomar lonche, es mi momento favorito del día, sea el lonche hogareño con café y algún pancito con algo, o sea un lugar más o menos refinado y caro con la compañía adecuada, sin embargo, esta vez este lonchecito sería un reto: el agradable momento y el lugar se enfrentaban a compartir mi mesa con personas con las que, en otra circunstancia, jamás compartiría. Era menester mantener la calma, la compostura, la educación y por encima de todo, algo que aprendí en esa oficina, a mantener la boca cerrada.

El lugar era cerca al trabajo, fuimos caminando, desde ya estaba tenso, ya no tengo intenciones de ser amigo de nadie en ese equipo, solo de quien fue mi amigo desde antes de entrar ahí, los demás integrantes tienen mi total desinterés. La caminata fue corta y con breves apariciones de mi personaje. Finalmente, llegamos al lugar, el tea time consiste en una fuente pequeña de tres niveles con diferentes bocaditos, salados en la base, harinas en el medio y dulces arriba. Mientras servían, consultaba en internet cómo comer correctamente según las reglas de etiqueta. Al servirse en parejas, Samantha eligió a otro comensal y no a mí: decepción y alivio por ambos lados. Estaba a punto de acompañar la mini fuente con café, pero aprovechando la ocasión y por sugerencia implícita de Samantha, no sin antes unos de sus conocidos gestos de "haz esto pues, huevón", finalmente opté por una mimosa.

La velada transcurrió agradable, aunque la mayor parte del tiempo la pasé callado, oyendo cómo hablaban no tan amablemente de la última renuncia del equipo, hacia solo unos días atrás y de otras renuncias anteriores y como dejaron a su paso bombas a la reputación de la jefa. El alcohol alegró ligeramente la mesa, el lugar era sumamente agradable, y elegir la terraza fue la decisión correcta por lo ventilado y cómodo que era, además, estar lejos del bullicio siempre es bueno. Hice mi mejor esfuerzo por verme educado en la mesa y no hablar de más, y aunque el alcohol me tentaba a ser el más gracioso del lugar guardé la compostura, muy en el fondo soy un payaso, pero en el trabajo, soy el tipo más serio posible.

Recordé todos los vídeos de Maritere que he visto sobre etiqueta, no porque me sea de mucha importancia, sino porque necesito mantener la imagen educada, uno nunca sabe cuándo un aumento puede llegar, y para eso, todo cuenta. Nunca había visto tanta hipocresía en un lonche, tanto de ida como de vuelta. Sin embargo, la técnica de hablar poco sonreír mucho y escapar por momentos al baño sirvió a la perfección. De todo lo que se dijo en la mesa, nada mínimamente reprochable salió de mi boca. Lástima que los demás comensales, alegrados por el breve alcohol y olvidando que esa mesa era un peligro, soltaron anécdotas que habría sido mejor guardar.

El tramo final del lonchecito había llegado y, luego de una hora, mis ganas de irme ya estaban instaladas, dejé el último muffin a la mitad, para intentar demostrar lo elegante y fit que soy, a nadie sorprendí. Pasamos a retirarnos, estaba confiado en que la velada, más que una velada, una prueba, había sido aprobada por mí y mi silencio sepulcral. Una vez pagada la mesa, nos dispusimos hacia la salida.

Mis compañeros, antes de salir, se retiraron al baño, quedé a solas con Samantha. — Estuviste muy callado Luciano — dijo ella. — Es verdad, es que me gusta oír más a los demás cuando tienen algo que contar — respondí, ahora sí tenso, pero con mi careta de confianza de siempre — He visto que en los almuerzos la pasas de lo mejor con tus amiguitos de Inteligencia Comercial — ¡Lo sabe! Sabe que por dentro soy un parlanchín, pero en su presencia me chupo. — Es que con ellos no tengo mayor interés en sus historias, con ustedes sí. Son muy interesantes. — Dije falsamente. Esa respuesta pudo haberme salvado en su mente al interpretarse como genuino interés en sus historias o pudo haber sellado mi destino como un desagradable pretensioso y encima adulón. Espero que sea lo primero, aunque si es lo segundo poco o nada me importa, siento que pronto lo averiguaremos. El resto de la compañía salió de los baños, nos unimos todos. Unas palabras finales en grupo, como saludos por fin de año y discursos vacíos de equipos de trabajo de cara al próximo. Samantha corrió rápido a su taxi, y al fin y para mi buena suerte, la velada terminó.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Let the light in


El verano del 2024 fue increíble, fue una época de muchos cambios, fue un verano dorado, acompañado siempre en repetición Let the light in en mis oídos. La celebración de año nuevo, donde me sentí terriblemente desafortunado porque la tristeza me acompañó todo el 2023, fue arruinada por mí. Aquel 31 de diciembre, yo sin planes, pero muy afortunadamente acompañado de mis padres aun sin saberlo, salimos, a recibir el año nuevo a la Costa Verde, solo los tres, pues mi hermano, desde hacía mucho, pasaba año nuevo con su novia, con quien sigue junto y me da mucho gusto que se hayan encontrado los dos en esta vida.

Esa noche estaba tan amargado, el año corría insípido, nada nuevo ni nada bueno había pasado, yo seguía triste por todo y por nada. Recuerdo que llegamos a la Costa Verde minutos antes de la medianoche, apurados y buscando un lugar donde dejar el auto. Me pareció completamente vacío celebrar un nuevo año, pues para mí desde siempre pero solo hasta ese año, nada cambiaba del uno para el otro. Sin embargo, mis padres, quienes desde siempre me han acompañado, trataban de animarme. Yo, por otro lado, era infeliz.

No fue sino hasta el romper de la medianoche, con los fuegos artificiales llenando la vista con sus colores y el aire con sus olores, cuando por fuerza de voluntad, además de pena por toda la velada, que tuve una revelación. Me sentí egoísta y tonto, estaba con mis padres y me sentía desafortunado, esa versión de mí felizmente para el mundo ya no existe. Ver a las demás personas celebrar con sus seres amados me hizo reflexionar sobre lo afortunado que era, y que a pesar de que me había vuelto solitario, y me había aislado en la seguridad de mi habitación y las aulas de clases, ellos aún estaban conmigo. 

Ese día algo se encendió en mi corazón, la revelación llegó a mí en la silueta de mis padres que, aunque su amor está muerto, nunca dejaron de estar para mí. Soy lo que soy solo por y gracias a ellos. Aquella noche prometí que el año que acababa de nacer sería uno mejor, que pondría todo mi empeño y energía en revertir meses tan sombríos, y que dejaría atrás toda nostalgia y recuerdo. Creo que siempre la nostalgia está conmigo, pero últimamente he sido más veloz, más ligero, he aprendido a no escarbar en recuerdos desagradables. "El pasado no existe, el futuro no está prometido", constantemente me repito.

Desde ese momento, mi forma de ser se acentuó hacia lo más alegre y agradable y reconfortante que mi personalidad me permitía. Entré a un nuevo trabajo, que solo duraría los tres meses del verano y solo tenía como objetivo conseguir dinero. Sin saberlo, sería quizá el mejor trabajo que tuve, conocí muchas personas e hice, increíblemente para mi forma de ser, muchísimos amigos y conocidos. No sé de dónde saqué tanta energía social, fue un desborde que jamás había vivido, además conocí personas increíbles y agradables, con las cuales trabajar era un placer. Mis días se repartían en reír hasta sentir dolor en las mejillas, cenar temprano en la azotea del edificio contemplando el precioso atardecer del verano y fingir seriedad cuando algún ejecutivo de alto nivel estaba presente. 

Dejar atrás todo lo que me acechaba desde el recuerdo y todo lo vivido en el pasado, fue un impulso para mí, y a pesar de que las vicisitudes no dejaban de presentarse, nada podía ya derrotarme tan fácilmente como sí sucedía antes. Mi voluntad se había vuelto férrea, y mi corazón estaba listo para enfrentar cualquier contratiempo, casi cualquier dificultad propia de la vida.

Me gusta recordar esta temporada, ese año trajo cosas muy buenas y renovó mis deseos de continuar con todo y afrontar lo que sea que se presente. Finalmente, el cierre del 2024 llegó con la noticia de un trabajo mejor, algo que había buscado y anhelado con muchas fuerzas. Sin desfallecer había buscado por meses y cuando me veía pasando fiestas navideñas desempleado, el trabajo donde estoy hoy en día, con más cosas buenas que malas, tocó a mi puerta. No soy, desde hace mucho, un creyente, pero puedo decir que los tiempos del Señor son perfectos.


viernes, 28 de noviembre de 2025

Las nubes, la luna y las estrellas.

Hace años no visitaba este lugar, un recuerdo fugaz hace un par de noches me trajo de vuelta, he releído algunas antiguas entradas, pero ahora mis historias llenas de verdad y mentira, que en su momento fueron el presente, se han convertido en el pasado. Se siente extraño mirar atrás y ver a mi antigua versión, no me reconozco, ese Luciano se siente tan lejano y extraño. 

Lo que empezó como un intento de cultivar un talento, se convirtió en un diario personal y público. Encontré historias que había olvidado, me atrapó una nostalgia peligrosa, del tipo que siempre evito sentir. Pues con los años aprendí que lo mejor es olvidar algunas cosas, enterrarlas muy al fondo del corazón y que se queden viviendo ahí, donde nadie las recuerdas. En retrospectiva y para ser honesto, creo que ese es mi mayor defecto y mi mayor debilidad: Suelo olvidar cosas que no me gustan, que me incomodan o que me entristecen, sin embargo, olvidar no es lo mismo que enfrentar y, por consiguiente, superar. A veces siento que tengo una bolsa my grande en el patio trasero que en algún momento habrá que botar. Pero, por otro lado, espero que mi patio trasero crezca tanto que esa bolsa sea insignificante. 

Entonces llevo años aprendiendo a ver siempre lo bueno, alguna frase trillada de internet y atribuida falsamente a alguna personalidad decía: "si vas a abrir la boca que sea para algo bueno". Eso me llevó a ser un farito de luz. A siempre esparcir el bien, pero también esto me llevó a ser un complaciente en todo sentido. Siempre estoy a favor de estar a favor de lo que las demás personas quieren. De mí nunca saldrá un "creo que no deberías hacer eso, mejor lo otro". Por el contrario, pienso que todas las personas deberían hacer lo que las hace feliz, sin importar el qué dirán, esto, obviamente, sin dañar a nadie. Quienes somos nosotros para juzgar. Al fin y al cabo, nada bueno viene después de un "creo que..." no solicitado.

Lamentablemente, esto no aplica para mí, constantemente me cohíbo de hacer cosas que podrían darme disfrute, siempre hay un pequeño remordimiento en mí al, por ejemplo, hacer un gasto innecesario, disfrutar los momentos de pereza o no cumplir con alguna tarea que tengo. Mi momento de ocio se ha vuelto el tráfico de Javier Prado, atrapado entre tantas personas, todos con un mundo en la cabeza, uno se siente insignificante. Feliz y recientemente escuché que el ocio es revolucionario, esa idea es trascendental, pues al haber vivido rodeado desde pequeño de personas tan trabajadoras como mis padres, me hicieron creer por mucho tiempo que el ocio es malo y uno debería sentirse culpable por disfrutar el momento. Por ahora, de lo único que siento culpa es de desvelarme sabiendo que el Luciano de mañana en la mañana, odiará al Luciano de esta noche.

Por ahora mis días pasan apaciblemente, nada me pesa ahora, me he alejado mucho de casi todos, he perdido amigos ya sea por mi propia decisión o por mi propia inconstancia. Recientemente pienso que en realidad no le caigo bien a nadie, y de mis antiguas amistades, he sido el favorito de nadie. Es posible que esto se deba a mi forma de ser pues me desgasta formar lazos fuertes con cualquier persona, y me siento tonto y pretencioso de igual manera por esto. Pues he visto como las personas tienen una facilidad por hacer amistades increíble, y he visto como suelen ir acompañadas, entretenidas en cualquier charla ligera, viviendo el sueño. Eso es algo que antes tuve, en otros tiempos, y que ahora perdí. Ahora tengo, no cero, sino negativo de amigos.

Creo que no soy bueno haciendo amistades, sin embargo, y en los días que corren, hay quienes tienen todo mi interés y genuina admiración. Sospecho fuertemente que solo me agradan las personas que realmente admiro, aunque el sentimiento de admiración no sea correspondido y mi compañía no sea tan valorada por ellas. Entonces me siento tonto al buscar algo que no es correspondido, mientras me pregunto si soy o no realmente alguien interesante, o si realmente debo ser alguien interesante. Es posible que no serlo esté bien, y solo mida con la misma vara que mido a los demás, a mí mismo. Extraño tomar un café y conversar de todo y de nada, y de disfrutar simplemente el momento, y admirar la vista, y contemplar las nubes, la luna y las estrellas.







sábado, 8 de diciembre de 2018

Recuerdos



Mis primeros meses felices dentro de una burbuja, un reciente logro importante. La decepción, el alejamiento, la ausencia y una inocencia inútil sostenida en alto. Un año vacío acompañado de Kanaku y el Tigre, 2014. Un buen tiempo sin sobresaltos, sin anhelos, sin expectativas ni decepciones, había paz. Alguien llamaba mi atención mas yo no estaba para eso. Pronto, un encuentro casual pero en el fondo planeado, cambié de parecer. Luego, entre risas y palabras nerviosas, fugaces y sin mucho sentido, pupilas oscuras y profundas. Era el fin de meses vacíos. Era el fin del letargo. Algo me decía que lo valía todo, que había que dar lo mejor y así lo hice. El verano que golpeaba con fuerza. The Lumineers siempre en mi cabeza y mis oídos. Ese ventoso lugar era testigo de prometedores tiempos. La incertidumbre, el no saber, la ansiedad. El deterioro, residuos, cenizas. Me cortaron la cabeza, no lo esperaba pero lo sospechaba. Regresaba a mi habitación. El ceño siempre fruncido, The Killers sonaba por todos lados y a todas horas, alguien jugaba en el lugar donde crecí. No lo sabía. Mentiras, ausencia, indiferencia, inseguridad. Yo no era suficiente, nunca lo fui. Perdí la noción del tiempo. Ese no era un buen lugar, no me sentía bien mientras recorría los pasillos del lugar, pasaba raudo y de perfil bajo, entraba a clases y regresaba a casa. Una fiesta, cero expectativas, Barranco, fotografías, semanas agradables bajo un sol tenue y renovados tiempos. Nada pasó y estuvo bien. 

Sin darme cuenta y con aires renovados, volví al lugar donde fui tremendamente feliz, había pasado el tiempo, tenía esperanza, había cambiado, crecido, había terminado de salir de mi zona de confort. Fue un error. Era más de lo mismo. Más de nada. El tiempo siguió en incertidumbre. No sabía parar, no sabía cómo. Conseguí trabajo, los días corrían ahora apacibles. Visitaba una conocida panadería en la mañana, compraba algunos dulces presuntamente de origen francés, no se sabe a ciencia cierta a decir verdad y luego iba camino al trabajo, mi turno empezaba a las 3 de la tarde pero visitaba fugazmente el lugar a las 10 de la mañana a dejar presentes. Algo pasó, renuncié, empecé a detestar ese lugar, No me sentía bien cerca, me alejé. Visité un joyería en Miraflores, eran alrededor de las 9 de la noche, terminé en otro lugar de Lima, alcoholizado y oyendo Fleetwood Mac. Alguien especial volvía y los días corrían mejores que desde hace muchos meses. 

Mamá caía enferma y los tiempos volvían a ser difíciles. Empezaba a darme cuenta que uno puede prescindir de las personas cuando mamá está mal. Largos meses visitando el hospital. A veces salía molesto, los doctores no tenían respuestas. Muchas otras veces salía llorando, tratando de que mamá no se diera cuenta. Me despedía de ella con el corazón roto. Evitando también que nadie más se diera cuenta, mirando al piso si era necesario y aguantando hidalgamente. Dejar a mamá ahí era desgarrador. Soñé un día que mamá estaba en casa, que caminaba libremente, fui feliz, desperté, me resigné, lo venía haciendo desde hacía mucho tiempo. Fueron 7 meses sin ella en casa, eso no era vida. Meses aparentemente positivos pasaron. Recogimos unas placas de mamá. Ella tenía que ser internada otra vez. Una pelea en el auto, muchos gritos en medio del tráfico. Tenía ganas de salir corriendo y que algún conductor desafortunado me atropelle. Estaba roto pero resistí, era la segunda vez en mi vida que mi hermano, siempre tan severo conmigo, siempre tan duro, trataba de consolarme. La primera fue cuando teníamos él 10 y yo 8. Cuando éramos niños eran tiempos realmente duros, las más duras épocas de la vida que prefiero no recordar. No sabía cómo consolar a mamá, la vida parece tan absurda cuando eres incapaz de hacer algo por alguien. Meses pasaron, aún ronda ese fantasma. Aún me asusta. 

Espera por algo mejor, siempre. Es lo que hay, es lo que siempre queda al final. No había aprendido nada y regresé. Al parecer la esperanza es lo último que soy capaz de perder. Nadie creía que hacía lo correcto, solo yo. Una llamada en la noche, un encuentro, una conversación, estaba quebrado pero lo intenté. Estaba equivocado otra vez. Un viaje. Un me nació que acabó conmigo. Meses pasaron, entre idas y vueltas finalmente volví a mí. Otra fiesta, pecas que aún recuerdo, y un corazón que valía oro. Cervezas en un parque que era para mí ya un lugar conocido. Corría días apacibles, noches agradablemente cálidas. Cosas pasaron, me fui, no era mi lugar, yo no estaba a la altura. 

La muerte de mi perro me golpeó como no imaginé, hoy vi una foto de él y lloré, era enormemente bello y noble y yo lo amaba. Era mi hijo y lo extraño demasiado, extraño hablarle y tenerlo cerca. Espero que ellos sí vayan al cielo, porque si este existe, él se lo merece. 

Los meses corrían sin sobresaltos, me alejé de muchas personas y conocí varias otras. Nada importante pasó en estos meses. Hoy solo ansío el mar. Con el tiempo te das cuenta de que casi nada realmente importa, más allá de papá y mamá. Uno debe seguir solo con lo necesario y eso bueno y está bien. Entonces ahora pretendo pararme de este asiento, decirle a mamá que la quiero mucho y darte las gracias a ti por leer.

domingo, 4 de marzo de 2018

Es el tiempo de los errores y desvelos.

Hemos decidido olvidar, porque olvidar es lo más fácil, porque sino te lleva al angustia, el sentimiento de ausencia, la nostalgia. 

Cuando uno olvida, es porque lo que ha de olvidar, o le causa dolor; o le causa vergüenza. Es más fácil olvidar el mal que hiciste antes de aceptarlo, es más fácil olvidar antes que enfrenta la ausencia. Pero en el fondo uno no olvida, sino que ignora, decide hacerse al tonto, al que nunca pasó, esperando que ningún estímulo sea tan fuerte como para regresarte a este momento, revivirte esos sentimiento. Aun así y naturalmente, estos recuerdos vuelven, y uno se da cuenta que ya no son lo mismos, que ya no te acechan en las noches porque son recuerdos muertos, momentos que ya no te acongojan, o alegran, o extrañas.

Me ocurre muy a menudo que hay ausencias que ya no importan, que ya no cuentan, que en su momento fueron el fin de todo, en su momento fueron un "y yo cómo sigo". Estas ausencias, sea por el tiempo o porque se reveló la verdadera naturaleza de los ausentes en cuestión pasan a ser pasajes lejanos de la vida. Entonces empiezas a ver las cosas desde un contexto fuera de todo, y te das cuenta de tus errores, te das cuenta que uno es medio imbécil para haber estado en tales situaciones. Del mismo modo hay ausencias de formas en las que interactuabas con las personas, te das cuenta que has cambiado, que crees que saliste de tu zona de confort pero tan solo te volviste un poco más oscuro y vicioso, que perdiste valores, que dejaste de valorar lo que antes, en tu inocencia, considerabas importante, lo que antes era todo, ahora es tan solo un momento.

Los días corren apresurados, caóticos, ya no hay tiempo para reflexionar sobre nuestros actos, solo hay tiempo para buscar algo que nos distraiga de nuestros pesares, así sean mínimos, así casi no los tengamos. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué no valoramos al del al lado? ¿Por qué preferimos lo rápido, simple, instantáneo, lo que sospechamos que no durará pero es divertido? Nos engañamos con estímulos superfluos, con sentimientos pasajeros e intensos que al final solo logran llenarnos un momento para luego dejarnos tirados en medio de la nada.

Para los que aún queremos y valoramos, es un mundo cruel, en donde somos burlados, dejados de lado, mandados a la mierda, porque; al parecer, a la gran mayoría de personas - no importa mucho lo que hayas pasado o vivido con alguien - siempre le es fácil deshacerse de uno. Abrirle las puertas a algo mejor, a algo que no se conoce pero que se angustia por sedarse con las nuevas vivencias que te pueda ofrecer es lo de hoy. Es la época de lo efímero y pasajero, es el tiempo de los errores y desvelos.

domingo, 14 de agosto de 2016

La plazuela.

Era un tarde que pronto se convertía en noche, recuerdo que había bajado algo de niebla y la humedad estaba a flor de pie. La plazuela que estaba conformada en su mayor parte de veredas atravesadas por rajaduras y asientos de madera e hierro era parte mi de ruta hacia casa y mientras caminada y la niebla se hacía menos densa a mi alrededor divisé a los lejos una silueta, era un tipo, parado ahí, en medio del lugar. A medida que me acercaba, noté que también había una chica exactamente frente a él, ellos estaban ahí, uno frente al otro en medio de la plazuela, bajo luces amarillas y rodeados de suave niebla.

Oh, el amor, pensé yo. Cosa tan extraña, creo que pocos o nadie lo entiende. Y por un instante sentí esa tersa pero insana envidia que llevo en el corazón desde hace unos años pero que siempre es consolada por el hecho de que algún día, esas parejas felices del mundo, terminarán. No intentaré defenderme, soy un malvado.

Pero qué equivocado estaba. Ellos estaban uno frente al otro y solo estaban agarrados de una mano. La mano libre de ella se acercaba al rostro de él en un intento de borrar el hilo de lágrima en su mejilla y que proyectaba la luz amarilla del lugar. Ella lo está dejando, lo está terminando ―pensé. Es extraño cómo una una larga historia entre dos personas termina en un plazuela, a los ojos de un curioso que pasaba por ahí. Vamos hombre, sé fuerte, no pasa nada, ¿por qué dejas salir esa lágrima frente a ella?, eso no es nada caballeroso, hidalgo pantalonezco. Eso no se hace, no importa cuánto uno lo sienta, uno no le puede hace eso a la otra persona, no es justo, la vida es así y todos nos tenemos que aguantar.

Solo miré un instante, y en ese instante pude captar lo que sucedía, simplemente eso, el desamor. Parece ser que este es mucho más simple que su contrario, la cosa ya no respira, ya no pasa nada, ya estás de salida. Y entonces la ligera envidia que sentía se desvaneció, aún así, en mi malicia, una leve sonrisa se apoderó de mi rostro solo un instante. 

Mientras seguía mi camino volví a regresar la mirada, ella lo había soltado y se empezaba a girar para alejarse. A todos les ha pasado pero no a todos nos echan una mano. Me acerqué, y solo alcancé a decirle "ni modo, hermano, la vida sigue" y a darle unas palmadas en la espalda. Yo no esperaba una repuesta ni mucho menos pero a veces menospreciamos el poder de un acto tan simple. El tipo me miró y dio un suspiro, "tienes razón, carajo, tienes toda la razón", se ajustó la mochila al hombro y en la niebla desapareció.