¿Estoy listo? No ha pasado mucho desde la última vez que desee con todas mis fuerzas haberlo intentado. Ese fue un momento de claridad en donde sentía que un sueño estaba al alcance de la mano. Al parecer solo hay una persona. Me siento poco por ahora, pero me cuestiono también ¿qué es poco?, ¿qué es mucho? El valor de las personas debería residir en la pureza del corazón.
La Libreta Helada
Las esperas pasan, las historias quedan.
jueves, 29 de enero de 2026
Lo bello
¿Estoy listo? No ha pasado mucho desde la última vez que desee con todas mis fuerzas haberlo intentado. Ese fue un momento de claridad en donde sentía que un sueño estaba al alcance de la mano. Al parecer solo hay una persona. Me siento poco por ahora, pero me cuestiono también ¿qué es poco?, ¿qué es mucho? El valor de las personas debería residir en la pureza del corazón.
viernes, 2 de enero de 2026
La chocolatada de Samantha.
Esa mañana, aunque la idea no me agradaba mucho, mis expectativas eran altas. No por la compañía: mala, por cierto (un amigo y dos enemigos), sino por el lugar. Algo me decía que el lugar sería, como mínimo, novedoso. Días antes, Samantha, quien en sus momentos más neuróticos había hecho sollozar a uno de nosotros con sus muy intensas reprimendas, había decidido que sería una buena idea un lonche de integración navideña: "La Chocolata de Samantha", me da mucho gusto y gracia llamarle así. Era como una especia de tregua entre los cuatro, un ritual de paz, un disimulo para que no se le note tanto lo que para todos era obvio: su profundo desprecio por nosotros. Luego de tan difícil año, era menester esta pequeña celebración. No dudo que para ella lo fue, tuvo cuatro renuncias desde enero hasta ese día, pero para nosotros, vulnerables a sus momentos de ira y desdén y sus verdaderos reales pues habíamos llegado al fin de año sin salir espantados de ese trabajo, lo fue aún más.
Iremos al tea time, en Beethoven — me dijo —. Asentí con la cabeza como si ya conociera el lugar, no quería desvelar que, en mis mejores momentos, mis momentos más finos y elegantes, yo soy más de ir María Almenara y similares. Creo que son el balance correcto entre lugar agradable a la vista y el bolsillo. Dado que este nuevo lugar quedaba en San Isidro, y conociendo los gustos "refinados" de Samantha, podía intuir un lugar medianamente elegante.
Me puse mis mejores ropas, o quizá mis segundas mejores ropas, las primeras las tengo bien reservadas para una ocasión especial que, para ser honesto, me hace mucha ilusión, pero algo me dice que esta ocasión ya no llegará. La jornada en la oficina transcurrió con tranquilidad, ese día Samantha no podía darnos una paliza laboral/espiritual/emocional porque teníamos una "agradable" velada más tarde y todos debíamos estar de la mejor actitud. En la interna esta es una guerra sin cuartel, pero frente al resto, el departamento de Finanzas permanece unido, cerramos filas, todo es risas y verdadero trabajo en equipo. Ese día, estábamos a salvo.
Siempre me ha encantado tomar lonche, es mi momento favorito del día, sea el lonche hogareño con café y algún pancito con algo, o sea un lugar más o menos refinado y caro con la compañía adecuada, sin embargo, esta vez este lonchecito sería un reto: el agradable momento y el lugar se enfrentaban a compartir mi mesa con personas con las que, en otra circunstancia, jamás compartiría. Era menester mantener la calma, la compostura, la educación y por encima de todo, algo que aprendí en esa oficina, a mantener la boca cerrada.
El lugar era cerca al trabajo, fuimos caminando, desde ya estaba tenso, ya no tengo intenciones de ser amigo de nadie en ese equipo, solo de quien fue mi amigo desde antes de entrar ahí, los demás integrantes tienen mi total desinterés. La caminata fue corta y con breves apariciones de mi personaje. Finalmente, llegamos al lugar, el tea time consiste en una fuente pequeña de tres niveles con diferentes bocaditos, salados en la base, harinas en el medio y dulces arriba. Mientras servían, consultaba en internet cómo comer correctamente según las reglas de etiqueta. Al servirse en parejas, Samantha eligió a otro comensal y no a mí: decepción y alivio por ambos lados. Estaba a punto de acompañar la mini fuente con café, pero aprovechando la ocasión y por sugerencia implícita de Samantha, no sin antes unos de sus conocidos gestos de "haz esto pues, huevón", finalmente opté por una mimosa.
La velada transcurrió agradable, aunque la mayor parte del tiempo la pasé callado, oyendo cómo hablaban no tan amablemente de la última renuncia del equipo, hacia solo unos días atrás y de otras renuncias anteriores y como dejaron a su paso bombas a la reputación de la jefa. El alcohol alegró ligeramente la mesa, el lugar era sumamente agradable, y elegir la terraza fue la decisión correcta por lo ventilado y cómodo que era, además, estar lejos del bullicio siempre es bueno. Hice mi mejor esfuerzo por verme educado en la mesa y no hablar de más, y aunque el alcohol me tentaba a ser el más gracioso del lugar guardé la compostura, muy en el fondo soy un payaso, pero en el trabajo, soy el tipo más serio posible.
Recordé todos los vídeos de Maritere que he visto sobre etiqueta, no porque me sea de mucha importancia, sino porque necesito mantener la imagen educada, uno nunca sabe cuándo un aumento puede llegar, y para eso, todo cuenta. Nunca había visto tanta hipocresía en un lonche, tanto de ida como de vuelta. Sin embargo, la técnica de hablar poco sonreír mucho y escapar por momentos al baño sirvió a la perfección. De todo lo que se dijo en la mesa, nada mínimamente reprochable salió de mi boca. Lástima que los demás comensales, alegrados por el breve alcohol y olvidando que esa mesa era un peligro, soltaron anécdotas que habría sido mejor guardar.
El tramo final del lonchecito había llegado y, luego de una hora, mis ganas de irme ya estaban instaladas, dejé el último muffin a la mitad, para intentar demostrar lo elegante y fit que soy, a nadie sorprendí. Pasamos a retirarnos, estaba confiado en que la velada, más que una velada, una prueba, había sido aprobada por mí y mi silencio sepulcral. Una vez pagada la mesa, nos dispusimos hacia la salida.
miércoles, 17 de diciembre de 2025
Let the light in
El verano del 2024 fue increíble, fue una época de muchos cambios, fue un verano dorado, acompañado siempre en repetición Let the light in en mis oídos. La celebración de año nuevo, donde me sentí terriblemente desafortunado porque la tristeza me acompañó todo el 2023, fue arruinada por mí. Aquel 31 de diciembre, yo sin planes, pero muy afortunadamente acompañado de mis padres aun sin saberlo, salimos, a recibir el año nuevo a la Costa Verde, solo los tres, pues mi hermano, desde hacía mucho, pasaba año nuevo con su novia, con quien sigue junto y me da mucho gusto que se hayan encontrado los dos en esta vida.
Esa noche estaba tan amargado, el año corría insípido, nada nuevo ni nada bueno había pasado, yo seguía triste por todo y por nada. Recuerdo que llegamos a la Costa Verde minutos antes de la medianoche, apurados y buscando un lugar donde dejar el auto. Me pareció completamente vacío celebrar un nuevo año, pues para mí desde siempre pero solo hasta ese año, nada cambiaba del uno para el otro. Sin embargo, mis padres, quienes desde siempre me han acompañado, trataban de animarme. Yo, por otro lado, era infeliz.
No fue sino hasta el romper de la medianoche, con los fuegos artificiales llenando la vista con sus colores y el aire con sus olores, cuando por fuerza de voluntad, además de pena por toda la velada, que tuve una revelación. Me sentí egoísta y tonto, estaba con mis padres y me sentía desafortunado, esa versión de mí felizmente para el mundo ya no existe. Ver a las demás personas celebrar con sus seres amados me hizo reflexionar sobre lo afortunado que era, y que a pesar de que me había vuelto solitario, y me había aislado en la seguridad de mi habitación y las aulas de clases, ellos aún estaban conmigo.
Ese día algo se encendió en mi corazón, la revelación llegó a mí en la silueta de mis padres que, aunque su amor está muerto, nunca dejaron de estar para mí. Soy lo que soy solo por y gracias a ellos. Aquella noche prometí que el año que acababa de nacer sería uno mejor, que pondría todo mi empeño y energía en revertir meses tan sombríos, y que dejaría atrás toda nostalgia y recuerdo. Creo que siempre la nostalgia está conmigo, pero últimamente he sido más veloz, más ligero, he aprendido a no escarbar en recuerdos desagradables. "El pasado no existe, el futuro no está prometido", constantemente me repito.
Desde ese momento, mi forma de ser se acentuó hacia lo más alegre y agradable y reconfortante que mi personalidad me permitía. Entré a un nuevo trabajo, que solo duraría los tres meses del verano y solo tenía como objetivo conseguir dinero. Sin saberlo, sería quizá el mejor trabajo que tuve, conocí muchas personas e hice, increíblemente para mi forma de ser, muchísimos amigos y conocidos. No sé de dónde saqué tanta energía social, fue un desborde que jamás había vivido, además conocí personas increíbles y agradables, con las cuales trabajar era un placer. Mis días se repartían en reír hasta sentir dolor en las mejillas, cenar temprano en la azotea del edificio contemplando el precioso atardecer del verano y fingir seriedad cuando algún ejecutivo de alto nivel estaba presente.
Dejar atrás todo lo que me acechaba desde el recuerdo y todo lo vivido en el pasado, fue un impulso para mí, y a pesar de que las vicisitudes no dejaban de presentarse, nada podía ya derrotarme tan fácilmente como sí sucedía antes. Mi voluntad se había vuelto férrea, y mi corazón estaba listo para enfrentar cualquier contratiempo, casi cualquier dificultad propia de la vida.
Me gusta recordar esta temporada, ese año trajo cosas muy buenas y renovó mis deseos de continuar con todo y afrontar lo que sea que se presente. Finalmente, el cierre del 2024 llegó con la noticia de un trabajo mejor, algo que había buscado y anhelado con muchas fuerzas. Sin desfallecer había buscado por meses y cuando me veía pasando fiestas navideñas desempleado, el trabajo donde estoy hoy en día, con más cosas buenas que malas, tocó a mi puerta. No soy, desde hace mucho, un creyente, pero puedo decir que los tiempos del Señor son perfectos.
viernes, 28 de noviembre de 2025
Las nubes, la luna y las estrellas.
Hace años no visitaba este lugar, un recuerdo fugaz hace un par de noches me trajo de vuelta, he releído algunas antiguas entradas, pero ahora mis historias llenas de verdad y mentira, que en su momento fueron el presente, se han convertido en el pasado. Se siente extraño mirar atrás y ver a mi antigua versión, no me reconozco, ese Luciano se siente tan lejano y extraño.
Lo que empezó como un intento de cultivar un talento, se convirtió en un diario personal y público. Encontré historias que había olvidado, me atrapó una nostalgia peligrosa, del tipo que siempre evito sentir. Pues con los años aprendí que lo mejor es olvidar algunas cosas, enterrarlas muy al fondo del corazón y que se queden viviendo ahí, donde nadie las recuerdas. En retrospectiva y para ser honesto, creo que ese es mi mayor defecto y mi mayor debilidad: Suelo olvidar cosas que no me gustan, que me incomodan o que me entristecen, sin embargo, olvidar no es lo mismo que enfrentar y, por consiguiente, superar. A veces siento que tengo una bolsa my grande en el patio trasero que en algún momento habrá que botar. Pero, por otro lado, espero que mi patio trasero crezca tanto que esa bolsa sea insignificante.
Entonces llevo años aprendiendo a ver siempre lo bueno, alguna frase trillada de internet y atribuida falsamente a alguna personalidad decía: "si vas a abrir la boca que sea para algo bueno". Eso me llevó a ser un farito de luz. A siempre esparcir el bien, pero también esto me llevó a ser un complaciente en todo sentido. Siempre estoy a favor de estar a favor de lo que las demás personas quieren. De mí nunca saldrá un "creo que no deberías hacer eso, mejor lo otro". Por el contrario, pienso que todas las personas deberían hacer lo que las hace feliz, sin importar el qué dirán, esto, obviamente, sin dañar a nadie. Quienes somos nosotros para juzgar. Al fin y al cabo, nada bueno viene después de un "creo que..." no solicitado.
Lamentablemente, esto no aplica para mí, constantemente me cohíbo de hacer cosas que podrían darme disfrute, siempre hay un pequeño remordimiento en mí al, por ejemplo, hacer un gasto innecesario, disfrutar los momentos de pereza o no cumplir con alguna tarea que tengo. Mi momento de ocio se ha vuelto el tráfico de Javier Prado, atrapado entre tantas personas, todos con un mundo en la cabeza, uno se siente insignificante. Feliz y recientemente escuché que el ocio es revolucionario, esa idea es trascendental, pues al haber vivido rodeado desde pequeño de personas tan trabajadoras como mis padres, me hicieron creer por mucho tiempo que el ocio es malo y uno debería sentirse culpable por disfrutar el momento. Por ahora, de lo único que siento culpa es de desvelarme sabiendo que el Luciano de mañana en la mañana, odiará al Luciano de esta noche.
Por ahora mis días pasan apaciblemente, nada me pesa ahora, me he alejado mucho de casi todos, he perdido amigos ya sea por mi propia decisión o por mi propia inconstancia. Recientemente pienso que en realidad no le caigo bien a nadie, y de mis antiguas amistades, he sido el favorito de nadie. Es posible que esto se deba a mi forma de ser pues me desgasta formar lazos fuertes con cualquier persona, y me siento tonto y pretencioso de igual manera por esto. Pues he visto como las personas tienen una facilidad por hacer amistades increíble, y he visto como suelen ir acompañadas, entretenidas en cualquier charla ligera, viviendo el sueño. Eso es algo que antes tuve, en otros tiempos, y que ahora perdí. Ahora tengo, no cero, sino negativo de amigos.
Creo que no soy bueno haciendo amistades, sin embargo, y en los días que corren, hay quienes tienen todo mi interés y genuina admiración. Sospecho fuertemente que solo me agradan las personas que realmente admiro, aunque el sentimiento de admiración no sea correspondido y mi compañía no sea tan valorada por ellas. Entonces me siento tonto al buscar algo que no es correspondido, mientras me pregunto si soy o no realmente alguien interesante, o si realmente debo ser alguien interesante. Es posible que no serlo esté bien, y solo mida con la misma vara que mido a los demás, a mí mismo. Extraño tomar un café y conversar de todo y de nada, y de disfrutar simplemente el momento, y admirar la vista, y contemplar las nubes, la luna y las estrellas.


